Está en tu mano proteger la biodiversidad que te rodea

Últimamente, cuando pensamos en medio ambiente, es fácil que nos centremos en los grandes retos ambientales a los que se enfrenta la sociedad moderna. El cambio climático, las basuras marinas, la extinción masiva de especies o la contaminación de nuestro aire se presentan como catástrofes de tal magnitud frente a los que, aparentemente, sólo el acuerdo e intervención de las administraciones públicas y las empresas pueden solucionar. Sin embargo, debemos evitar caer en este error.

Si bien es verdad que los grandes acuerdos internacionales y la implicación y colaboración de entidades públicas y privadas son pasos fundamentales para impulsar políticas que marquen la hoja de ruta hacia sociedades más sostenibles, no se nos debe olvidar que el verdadero cambio sólo se puede producir con la implicación de cada uno de nosotros. Ni el mejor sistema de gestión de residuos funciona sin la implicación de cada uno de los ciudadanos, ni la calidad del aire en nuestras ciudades cambiará a mejor si no cambiamos a mejor nuestros hábitos de movilidad y uso de la energía.

Cuando hablamos de proteger nuestro entorno natural y la biodiversidad también cada uno de nosotros tenemos un papel clave. A pesar de los esfuerzos que realizan numerosas ONGs, asociaciones y entidades públicas por conocer con detalle nuestro entorno natural, cada uno de nosotros como ciudadanos podemos contar con una información de gran valor que haya pasado desapercibida: ese ave que ha anidado en un edificio cercano, esa especie invasora que coloniza un territorio donde antes no se había visto o esa zona húmeda llena de anfibios que visitamos cuando damos un paseo por el campo.

Lejos de ser una información sin importancia, resulta de gran utilidad a la hora de que estas especies y espacios sean tenidos en cuenta cuando la administración realiza nuevos planes y estrategias o cuando se proyectan nuevas obras de todo tipo. Si bien la normativa nacional y autonómica que garantiza la protección de los animales silvestres está ampliamente desarrollada, en muchas ocasiones identificar cuándo la actividad humana está causando un impacto sobre una población puede resultar sumamente complejo, pudiendo ser partícipes todos para prevenir daños sobre la biodiversidad. A modo de ejemplo, una obra de rehabilitación de un edificio podría causar daños irreparables sobre nidos de aves y quirópteros protegidos que lo habiten, simplemente debido al desconocimiento de su presencia por parte de la administración, las empresas que ejecutan las obras y los vecinos.

Con el objetivo de sumar y coordinar los esfuerzos de todos los ciudadanos existen numerosas iniciativas de ciencia ciudadana que facilitan un canal para la recogida de datos; sin embargo, es fundamental no olvidar que la administración facilita canales de comunicación con los ciudadanos donde estos pueden dirigir todas sus observaciones, comentarios y propuestas. De forma específica, las administraciones establecen periodos de consulta pública de forma previa a la elaboración de planes, programas, estrategias y otras figuras normativas, permitiendo a ciudadanos o asociaciones mantener un canal de comunicación que permita prevenir cualquier potencial perjuicio al medio natural.

 

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