¿Qué es la pobreza energética?

La pobreza energética es la situación en la que un hogar es incapaz de pagar una cantidad de energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas y/o cuando se ve obligado a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar la factura energética de su vivienda.

Es la dificultad en el hogar para satisfacer sus necesidades básicas de energía y se traduce en impactos sobre el bienestar de las personas que lo habitan como falta de confort térmico, reducción de la renta disponible para otros bienes y servicios, malas condiciones de habitabilidad, riesgo de impago y desconexión.

El concepto de la pobreza energética difiere en función del grado de desarrollo de los países. En los desarrollados se trata de un problema de sobreesfuerzo o capacidad de pago de las facturas de la energía, no de acceso, mientras que en los países en vías de desarrollo, se trata de un problema de acceso a fuentes de energía modernas como gas o electricidad, más que a la incapacidad de asumir su pago. En ambos casos hay desigualdad energética y afecta a sus condiciones de vida.Las causas que generan esta precariedad energética son diversas, si bien existen tres factores fundamentales:

FICHAS DIDÁCTICAS

¿Qué es la pobreza energética?

¿Cómo se mide la pobreza energética?

Efectos sobre la salud de la pobreza energética

Pobreza energética y desempleo

Rehabilitación energética de viviendas y desempleo

Conoce el Proyecto REPEX

Estudio sobre Pobreza Energética en España

La pobreza energética incluye gastos en climatización, iluminación, cocina, consumo del agua caliente sanitaria, etc, pero no incluye gastos en trasporte u otros bienes esenciales como el agua.

Es un fenómeno diferente al término más amplio de la pobreza o exclusión social pues ciertos hogares pueden encontrarse en una situación de pobreza energética sin estar en riesgo de exclusión o estar en pobreza monetaria, sin embargo puede ser un primer paso para llegar a esta situación de exclusión. 

La Vulnerabilidad energética es la propensión a experimentar una situación en la que el hogar no recibe una cantidad adecuada de servicios de la energía (Bouzarovski y Petrova, 2015). Es una situación temporal y se puede ver modificada por factores internos (nace un hijo, enferma un miembro del hogar) o por externos (cambias los requisitos de una ayuda) al hogar. Este concepto permite una conceptualización más dinámica de la idea de pobreza energética en la que diferentes hogares entran en pobreza energética en momentos concretos de sus vidas y en la que este tipo de privación no es una condición permanente sino temporal. El foco se pone sobre las condiciones estructurales y coyunturales que van más allá de la triada de factores tradicionalmente considerados en las definiciones clásicas de pobreza energética (ingresos del hogar, precios de la energía y eficiencia energética de la vivienda).

De esta manera, la noción de vulnerabilidad energética resalta la importancia de cuestiones que previamente no han sido suficientemente consideradas, como las necesidades energéticas de hogares con diferente composición socio-demográfica, la falta de acceso a determinados ‘vectores energéticos’ como la electricidad o el gas natural, o los cambios en las políticas de bienestar social, de fijación de precios de la energía o de promoción de la eficiencia energética en el sector residencial. Todos estos son elementos que determinan dinámicamente el esfuerzo que tienen que hacer los consumidores domésticos para cubrir las necesidades energéticas de sus hogares, y el grado de satisfacción que éstos alcanzan como resultado. La importancia práctica de este concepto se ve reflejada en las Directivas 2009/72/EC y 2009/73/EC sobre reglas comunes para el mercado interno de gas y electricidad, que llaman a los Estados Miembros a establecer criterios para la definición de ‘consumidores vulnerables’ desde una perspectiva de pobreza energética si el legislador nacional lo cree necesario.

La Desigualdad energética es la disparidad en niveles de consumo y pobreza energética entre hogares con diferente poder adquisitivo:

 

CONTEXTO EUROPEO.

La pobreza energética es una realidad que afecta a todos los Estados Miembros de la Unión Europea (UE), si bien con diferencias entre los mismos. De acuerdo con la Encuesta Europea de Ingresos y Condiciones de Vida (EU SILC) de Eurostat, en 2014, 50,8 millones de ciudadanos de la UE (más del 11% de la población total) vivían en hogares que se declaraban incapaces de mantener su vivienda a una temperatura adecuada durante el invierno.

Es por ello que la Unión Europea, consciente de esta problemática, se está movilizando para fomentar políticas que tengan en cuenta esta realidad. La nueva política europea en materia energética avanza en la protección de los consumidores vulnerables con la publicación el 30 de noviembre de 2016 de un nuevo paquete de medidas que marca una nueva hoja de ruta que debe ser analizada con seriedad para implantar una estrategia integrada y coherente a este complejo problema.

Entre las numerosas medidas planteadas, se destacan las siguientes por su incidencia, directa o indirecta, en la potencial protección de los consumidores vulnerables:

1. Eficiencia. Bajo el lema “Eficiencia energética en primer lugar” la Comisión Europea deja clara la prioridad más importante, aumentando la exigencia del objetivo de eficiencia del 27% al 30% para 2030 a los Estados Miembros. Para ello, la primera decisión va a ser promover la revisión de la Directiva 2012/27/UE sobre eficiencia energética.

Además, dado que la tasa de rehabilitación de edificios está siendo escasa a pesar de las medidas puestas en marcha, se va a desarrollar una revisión de la Directiva de rehabilitación de edificios que junto al desarrollo de nuevos instrumentos de financiación para la rehabilitación, se pretende acelerar el ritmo de las actuaciones y dinamizar el mercado

La UE asume que la raíz de la vulnerabilidad energética es el estado de los hogares europeos y que la solución de la pobreza energética y la prevención de más casos en el futuro es actuar en la eficiencia energética de los hogares que garantice su habitabilidad. 

Asimismo, la Comisión considera necesario que las medidas de eficiencia que se adopten tengan en cuenta las situaciones de pobreza energética y  les dé prioridad, con estrategias a largo plazo que se mantengan en el tiempo, para lo cual los acuerdos políticos deben ser necesarios.

2. Transición Justa. “La transición hacia un modelo energético limpio debe ser justo y proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad”, esa es otra de las premisas que se ha marcado la Comisión dentro del paquete de medidas publicadas. Para ello, promueve una serie de medidas encaminadas a:Establecimiento de tarifas sociales que permitan minimizar la pobreza energética

3. Observatorio de la Pobreza Energética. Establecimiento de un observatorio que permita analizar la situación de la pobreza energética en Europa y el intercambio de buenas prácticas entre los Estados Miembros. Este observatorio se ha constituido en el marco del contrato del servicio (ENER/2015/B3/507-2) asignado a un consorcio liderado por Dr Harriet Thomson y Stefan Bouzarovski de la Universidad de Manchester, en el que la Asociación de Ciencias Ambientales es un colaborador estratégico.

4. Planes de energía y clima. La Comisión incide en la necesidad de intensificar los esfuerzos en la participación social en el desarrollo de los planes nacionales de energía y clima de los Estados Miembros.

LA SITUACIÓN EN ESPAÑA

Los indicadores empleados señalan que una parte significativa de los hogares españoles experimentan condiciones asociadas a la pobreza energética. La pobreza energética sigue siendo una realidad que afecta a una proporción significativa de hogares que residen en España. En concreto, se ha encontrado que en 2014:


Debe tenerse en cuenta que los tres últimos indicadores utilizan datos de gasto real en energía doméstica, los únicos disponibles en estadísticas oficiales en nuestro país. Esto supone una diferencia importante con las estadísticas del Reino Unido, donde se utilizan estimaciones del gasto necesario para que cada hogar encuestado alcance un nivel de confort térmico predeterminado. Existen divergencias en la evolución de los indicadores de pobreza energética desde el inicio de la crisis.

Los indicadores basados en percepciones y declaraciones del hogar mantienen su tendencia al alza de forma sostenida hasta 2014 a pesar de las mejoras en factores macroeconómicos clave en 2013 y 2014.

En contraste, prácticamente todos los indicadores basados en gastos e ingresos registran un descenso moderado en 2013 y 2014. Esta tendencia a la baja se explica por una reducción en el gasto en energía que podría indicar dificultades crecientes entre hogares vulnerables para pagar una cantidad de energía doméstica adecuada a sus necesidades.