Pobreza energética, la necesidad de un pacto de estado para abrigar nuestros edificios

 

Aipex

JESÚS LADERA

Presidente de la Asociación Ibérica de Poliestireno Extruido (AIPEX)

 

"Todos los agentes del sector coinciden en que el aislamiento es la medida más eficaz y rentable para conseguir edificios saludables y confortables.Es una solución duradera que cuenta con una vida útil paralela al edificio en el que se instala y que, correctamente instalada, no precisa de gastos de mantenimiento."

 

 

 

Cuando media España exclama un “ya era hora” ante el anuncio de las primeras nevadas y la bajada de temperaturas, dos millones de familias se echan a temblar. Se echan a temblar, sí, literalmente.

Son las afectadas por la llamada pobreza energética, un impactante concepto que se resume en no tener dinero suficiente para pagar la calefacción de casa. La mala construcción tradicional en España y la crisis, sobre todo, es la principal responsable de esta situación. De hecho, uno de cada tres hogares en paro sufre este problema, 4 millones de personas, cerca del 10% de la población.

Pero es que además de la crisis, no podemos olvidar que nuestro país cuenta con 26 millones de viviendas, más del 58% con más de 30 años y, casi 6 millones, con más de 50 años. Fueron construidas en una época en la que no se daba importancia al aislamiento y a otras medidas de ahorro de energía. Unas viviendas que, en su mayoría, pertenecen a personas con bajos ingresos y con escasas posibilidades de afrontar obras de rehabilitación.

Nos encontramos ante la pescadilla que se muerde la cola. Hogares con deficiencias estructurales importantes que son propiedad de personas que no pueden permitirse dotarlos de medidas que mejoren su eficiencia energética y su confort.

Todos los agentes del sector coinciden en que el aislamiento es la medida más eficaz y rentable para conseguir edificios saludables y confortables. Es una solución duradera que cuenta con una vida útil paralela al edificio en el que se instala y que, correctamente instalada, no precisa de gastos de mantenimiento. Pero además de estas ventajas, presenta muchas otras. El aislamiento, hoy por hoy, es el método más rentable que existe para mejorar la eficiencia energética, hacer frente al cambio climático, la dependencia energética y el fomento de la competitividad económica.

Pero y ¿qué pasa con las familias que no pueden permitirse su instalación?, ¿Qué no tienen dinero para reformar energéticamente sus hogares?

En AIPEX, la asociación que hoy represento y que aglutina a los principales fabricantes de poliestireno extruido de España y Portugal, pensamos que este problema no se puede solucionar con bonos sociales, incentivos fiscales, subvenciones o ayudas eléctricas para pagar la factura de la luz. Creemos que se debe atajar el problema de raíz y conceder subvenciones directas para la rehabilitación energética de este tipo de hogares. Una rehabilitación energética que lleve como punta de lanza el correcto aislamiento del inmueble reformado.

Unas ayudas que no irán a fondo perdido, sino que en un corto periodo de tiempo se podrán amortizar con los ahorros de la factura energética. No podemos olvidar que alrededor de la mitad de energía que gastamos en nuestras viviendas la utilizamos para mantener las temperaturas  a niveles de confort.

Es la postura que hemos mantenido en los interesantes talleres sobre pobreza energética organizados por la Asociación de Ciencias Ambientales y en los que hemos tenido el privilegio de participar. Compartimos la opinión de otros expertos del sector que hablan de implementar un calendario de actuaciones en los sectores “menos deprimidos” para ir creando recursos y plusvalías que permitan acometer rehabilitaciones en los entornos más vulnerables.

Para ello, lo sabemos y somos conscientes de su complejidad, se necesita un gran pacto de estado. Porque al igual que hemos aplaudido los avances en materia de financiación pública, sobre todo con instrumentos como el PAREER CRECE ofrecido por el IDAE y los programas de ayudas del Plan Nacional de Vivienda que gestionan las Comunidades Autónomas, solicitamos una total coordinación de las administraciones competentes para dar solución a este problema.

Y no nos olvidamos de la banca privada, ausente hasta ahora en el mercado financiero de la rehabilitación. El reto es conseguir que tanto la financiación como las ayudas públicas, así como la financiación privada, se coordinen de manera que la oferta al ciudadano sea sencilla, y tenga las garantías profesionales de que los ahorros energéticos calculados en una rehabilitación integral se hagan realidad.

Las administraciones deben ir al unísono, no solo a la hora de establecer mecanismos de ayuda, también es importante que se compartan los proyectos pilotos y los casos de éxito como han sido los de “La Manzana Eficiente” promovido por la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento de Barcelona, o las actuaciones desarrolladas en ciudades como Zaragoza de donde se pueden aprender muchas lecciones de rehabilitación integral de viviendas, sobre todo desde el punto de vista de la gestión.

Y es nuestra labor, la de las asociaciones, reclamar al Gobierno y a los distintos Gobiernos Regionales, a todas las administraciones que conviertan la rehabilitación energética en una prioridad de estado, en una gran  apuesta de todos. Es nuestra responsabilidad. Porque no lo podemos olvidar, cuando hoy veamos los partes meteorológicos en toda España. Millones de personas en nuestro país, en nuestros pueblos y ciudades se han puesto a temblar. Sí. A temblar.

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